El roble

Publicado en por vida

 



El àrbol de mi vida se consume,
se difuminan los trazos de su tronco en el lienzo
marco de su precaria precensia, 
que ingràvida elevarse al cielo pareciera.

Envejeciò mi àrbol,
no quedan vestigios de su pròcer existencia,
Era un roble, mi sombra, mi cubierta,
àrbol fuerte de buena madera.

Ya no es el roble,
sòlo es un àrbol viejo,
aùn de pie no se doblega,
observando impotente como se reseca
su figura quijotesca.

Un musgo amarillento cubre su mirada,
y una enrredadera axfisiante se le trepa
del pie a la copa, como espectro helado ineludible
que se percibe a travèz de su voz y su risa cavernosa.

Una nube gris lo va cubriendo
humo gris que dimana del fuego de mi hogera,
alma inerrante, ya no corre savia por sus ramas,
son yesca fràgil, paja seca,
no detiene  vendavales, ni tormentas.

El fuego de mi hoguera ya se acaba,
y se consume tambièn mi triste alma
al agotarse de mi àrbol su madera,
y al irse disipando lentamente sus quimeras,
mi vida inevitablemente entera.
Se la lleva, se la lleva....

VIDA.

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